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Tripulantes a bordo
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Viernes, 15 de Diciembre de 2017
Consejos Prácticos de Navegación
 

CONSEJOS PARA FONDEAR

Tarea dura o agradable la leva de anclas es algo ligado a toda navegación. Algunos detalles y razonamientos para tener una vida más agradable a bordo.


Levar anclas

A la hora de levar el ancla conviene tener en cuenta algunos detalles. El principal, tal vez, es en ese momento saber adonde lo estamos haciendo. Que tipo de fondo tenemos bajo nuestra nave. Ello no solamente nos dirá que tipo de ancla debemos usar si no que podremos hallar de dificultades o ventajas a la hora de partir.

Hay lugares que son archiconocidos por fondo duro o pedregoso. Otros como mal tenedero y por su fondo cenagoso. En otros tendremos una gran cantidad de palos en el fondo fruto de árboles caídos o arrastrados por la corriente o en algunos casos producido este fenómeno por el tipo de vegetación de las orillas y como la misma cae repetidamente sobre el rio hundiéndose. Este último caso es tan frecuente en algunos lugares de nuestro delta frecuentados por navegantes que algunos ante bajantes extraordinarias y solamente con un par de bicheros se dedican a recuperar anclas y cabos abandonados en su momento por otros desconocidos navegantes.

El arte de levar el ancla a mano no difiere mucho de hacerlo con un cabrestante. Esto como técnica, pues como esfuerzo, la diferencia si es mucha. El principal acierto es el entendimiento entre capitán/timonel y tripulante de proa. Las indicaciones del proel han de ser su principal elemento para no hacer fuerza y levar el ancla fácilmente. La técnica consiste en acercar el barco no a fuerza de brazos (pues si así procedemos ha de ocurrir que cuando tengamos el ancla a la pendura estaremos agotados para levarla) si no en que indiquemos al capitán en que dirección se encuentra el ancla de manera estimada y tomando como dirección el cabo que se hunde en el agua. Brazo extendido y señalando hacia delante y el rumbo deseado o brazo levantado en la señal de alto han de permitir al capitán o timonel dirigir la embarcación hacia el lugar correcto. Al utilizar el cabrestante ocurre lo mismo: la técnica adecuada es acercar el barco al ancla con el motor, pues la larga vida de los malacates reside en no arrastrar el barco con este amigable artefacto y si en utilizarlo para subir el ancla. Una vez que hemos llegado al ancla y se encuentra justo debajo de nuestra proa utilicemos el sistema que utilicemos (manual o mecánico ) procederemos a “descabezarla”. Porque si bien un buen fondeo se basa en que el ancla haga buena cabeza la buena leva es llegado este punto “romper” la cabeza que se ha hecho.

En este sentido lo ideal es tomar el cabo o cadena a una cornamusa o bita e indicar al timonel hacia donde debe forzar la marcha. El barco se hundirá levemente al descabezar y ahí podremos cobrar tranquilamente el ancla.

Esto de tranquilamente es un eufemismo teórico pues lo que muchas veces se ve es que una perfecta y adecuada maniobra tropieza con la existencia de un ancla a la pendura que sobredimensionada supera ampliamente la media de fuerza “normal” y así se ven ingentes esfuerzos por regresarla a cubierta. Mucho más si se ha sobredimensionado la cadena con lo cual el trabajo de subir el ancla liberada mas que trabajo es una pena aplicada al enviado o enviada a proa y al efecto.

Saliendo con problemas

Frecuentemente en nuestro delta nos encontramos que el ancla ha hecho cabeza pero luego descubrimos que en realidad esta enganchada en troncos. Y esto lo descubrimos pues al levar viene un tronco con ella (de tamaño “ramas” hasta el sutil “esta noche nos quedamos aquí”). Si el tronco llega a la superficie y podemos ver nuestro ancla la técnica indica pasar un cabo por alguna rama del tronco atarla a una cornamusa y aflojar el ancla recuperándola. Luego hemos de soltar uno de los extremos del cabo que retiene al tronco y lo devolveremos amablemente al fondo del lecho del rio en cuestión. Claro que esto generalmente ocurre a la hora que todos se van y nosotros con ellos y se desarrolla en un escenario de trafico y deriva o abatimiento que puede poner los pelos de punta a mas de uno.

En algunos casos los troncos no suben. ¿Que hacer ante ello?. Algunas anclas presentan por haberlo previsto su propietario un orinque y tirando del mismo podemos recuperarlas haciéndolas salir “hacia atrás” de su posición entre ramas. Pero si bien es muy interesante fondear con orinque en general no es algo que se estile en nuestro medio a pesar de las ventajas de este sistema. En otros casos un método a utilizar es una cadena que engrilletada hemos de deslizar por el cabo hacia el ancla tratando al agitar cabo y cadena para que dicha cadena se deslice por la caña del ancla. De este modo el peso de la cadena retira hacia atrás del tronco el cuerpo del ancla y la misma queda libre.

Valga aclarar que en algunos casos resulta por la situación planteada imposible de retirar el ancla, su cadena y el cabo. ¿Qué hacer? En muchos lugares conversando con los isleños podremos encargar su retiro y convenir el pago por dicha tarea si el equipo se recupera. Algunos se preguntarán ¿Y el seguro que pago no me cubre el ancla si la pierdo?. Los seguros no cubren la perdida del equipo de fondeo. Si han de responder en general conforme las particularidades de cada póliza, si hechos todos los esfuerzos dejáramos nuestro fondeo señalizado para recuperarlo con mejores elementos y al volver al lugar este hubiera desaparecido.

En estos casos conviene dejar marcado el equipo de fondeo con una boya o tomada a la orilla si estuviéramos en zona protegida.

Esta situación es perfectamente aplicable en rio abierto. Adonde por circunstancias de regata o placer se fondea y ante la variación de condiciones meteorológicas resulta imposible o peligroso para la embarcación y tripulantes levar ancla y se la abandona. Convendrá dejarla señalizada entonces para recuperarla. Una defensa bien atada al chicote del cabo o a su gasa nos permitirán volver utilizando un WP que marcaremos al efecto. Y lo conveniente ha de ser volver apenas calme el mal tiempo.

Fondeando con otros

El carácter social o la simple necesidad nos llevan a fondear junto o cerca de otras embarcaciones. Las maniobras de leva de ancla en aquellos puertos en que se fondea a la mediterránea tienen también opciones. O bien saldremos por proa o popa cobrando cabo o cadena y evitando nuestra propia hélice o contando con un auxiliar levaremos el ancla desde este. En estos casos es fundamental tener en cuenta que hay cruces de cadenas y anclas y es conveniente operar teniendo a mano el bichero y un cabo para poder manejar cadenas y anclas ajenas con el mínimo esfuerzo y sin vulnerar la posición de fondeo de otras embarcaciones.

Un detalle de importancia vinculado a la leva del fondeo es el caso en que una embarcación ha fondeado cerca nuestro e ignorando nuestra posición de ancla termina enganchando la nuestra detalle que conoceremos cuando alguno de los dos capitanes decida levar. Ante dicha situación las maniobras tendrán especial cuidado para no dañar la otra nave y tratando con cortesía y buenos modos de solucionar cualquiera sea la posición que nos toque en el problema.

Otro momento para reflexionar es cuando estamos abarloados con otra u otras embarcaciones y las anclas (por giros de todos ante la corriente) se retuercen y se enroscan. Como proceder. La maniobra es “todos con motor en marcha”, manteniendo el abarloamiento y levando al unísono. Así con tripulantes en proa podremos recuperar los fondeos y deshacer la madeja. A la vez que controlar la marcha de todas las embarcaciones como una sola. En el caso que una embarcación no disponga de tripulante el mantenerse abarloadas permite que el “solitario” sea asistido o haga el mismo su maniobra en proa.
En estos casos todas las maniobras deben ser consensuadas por sus intervinientes.


Enroscados con el fondeo

Una leva de ancla que puede complicar nuestra existencia a bordo es cuando por motivo de la corriente o del viento que juegan entre si de manera contraria nuestra embarcación aparece en una posición “rara” en relación a “todas las demás.

Lo más probable es que esto signifique que nos hemos enroscado en nuestro propio fondeo y este esta enganchado dando una vuelta por el quillote, pata o pata de gallo. El barco ha girado en un momento sobre si mismo y el fondeo se ha enroscado en dichos lugares. Claro que esto lo descubriremos cuando uno de los elementos (viento o corriente ) nuevamente predomina y aplicando la ley de Murphy vemos que estamos a contrapelo de todos los demás. La ley de Murphy también en estos caso presenta la situación con mucha corriente o viento excesivo.

¿Como salir de esta incomoda situación? Un camino es tomar el cabo de nuestro ancla por la banda que se sumerge libremente rumbo al ancla y ligar al mismo otro cabo haciéndolo firme tanto en el cabo de ancla como en el barco. Luego hemos de ir tirando suavemente del extremo de nuestro cabo de fondeo que ahora no trabaja para dejar caer finalmente el chicote al agua y recuperarlo. A partir de ese momento volveremos a cazar el fondeo haciendo reposar el mismo en el cabo de ancla y no en el substituto. Otro método es atar una defensa o boya suficiente al fondeo y soltar todo el cabo o cadena logrando que el mismo se libere del barco y apartados del fondeo ir a recuperar el mismo en una maniobra de aproximación posterior a la liberación.

Al momento de levar ancla no debemos olvidar la ayuda de molinetes o cabrestantes auxiliares y la fuerza del propio motor en sentido inverso al de la cabeza del ancla. Para hacer fuerza lo conveniente es afianzar cabo o cadena a nuestra cornamusa preferida de proa y en ese momento aplicar fuerza. Una visita a un taller de fabricación de cabrestantes nos ha permitido ver ejes, barbotines y partes de molinetes directamente destruidos por someterlos en directo a fuerzas para las que no están preparados. Pues ellos son ayudas para el fondeo y la leva de anclas y no elementos a prueba de esfuerzos.

Finalmente al hablar de los esfuerzos en proa y con el ancla no está demás recordar la regla 230 de Pepe Fuera de Borda que dice: “Para levar el ancla se necesita en proa un caballero con buenos brazos o una dama con mucho amor… por el caballero que está al timón”.


 
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